2/01/2016: Salir de Noche

Decidimos que vamos a salir a bailar, como siempre, no sabemos a dónde ir, entonces entramos a Google y buscamos “pub crawls en Barcelona”, escogemos uno y a las 22:30 estamos llegando al bar donde es la cita con los encargados. Un bar bonito escondido en el Barrio Gótico, muchos extranjeros, incluyendo las cervezas, preguntamos al barman por el encargado del “evento” y nos dice que el nuestro ha sido cancelado, pero que en la mesa del fondo hay unas mujeres organizando otro. Nos sentimos desorientados, un poco inseguros, ¿vamos o no vamos? Pedimos una cerveza y vamos por informes sobre este nuevo pub crawl, cuesta 15 euros, te llevan a dos bares donde te regalan un trago y luego a una discoteca en la playa. Bueno. Nos da risa ver que somos un grupo de 40 personas, todos de diferentes partes del mundo, nos da más risa admitir que nosotros vivimos en Barcelona y que tuvimos que recurrir a uno de estos planes por falta de imaginación propia. Hay de todo, pero sobretodo hombres desesperados por un poco de compañía femenina, y se les nota a leguas. En frente de nosotros hay una pareja un poco rara: una señora de edad respetable y un joven de no más de 25 años. Ok. El mundo es libre. Nos dice la encargada que nos apuremos con nuestra cerveza porque salimos al siguiente bar en 5 minutos, empezamos a tomar más rápido. Escuchamos un acento conocido y nos damos cuenta que hay otro mexicano, intercambiamos algunas risas, nos acercamos a la pareja rara, son madre e hijo, de Costa Rica, nos caen bien. Nos vamos al otro bar.

No sé si sea mi vanidad hablando pero soy, por mucho, la más guapa del grupo. Ojos grandes, buen cuerpo, bonito pelo. Los hombres se me acercan siempre, aunque haya una mujer más guapa, siempre se me acercan a mí y mi novio está por descubrirlo.

En el nuevo bar nos dan los tragos y voy a pedir más. En la barra me encuentro con unos irlandeses, otros muertos de desesperación. Me hablan, reímos, suelto el “estoy casada” y enseño mi anillo, no les importa hasta que ven que es real y que Él es alto y fuerte y está justo atrás. Ahí Él empieza a estar incómodo.

Él es muy celoso, yo ya lo sabía. Alguna vez ya me había hecho una escena de celos de tal magnitud que me hizo cuestionarme todas mis decisiones. No aguanto mucho tantos celos, lo hacen ver frágil y los hombres frágiles no me gustan. Además, sus arrebatos de celos son inmensos, esta vez no fue la excepción.

Antes de irnos a la discoteca, jugamos un partido de futbolín con unas asiáticas y unos canadienses. Él es muy bueno jugando futbolín, eso, a pesar de ser un detalle tan mínimo, me parece sexy. Verlo jugar y meter goles y ver que todos están asombrados, me hace que me den ganas de decir: Sí, Él es mi hombre. Mi ego es gigante.

Entramos a la discoteca, llena de turistas ávidos de sexo y alcohol. Desde el bar anterior ya habíamos conocido a un australiano que parecía amigable pero que resultó ser el enemigo público no. 1, al menos para Él. Estamos todos riendo, los ticos, el australiano, la organizadora y nosotros, tomamos jäggerbombs invitados por el enemigo y seguimos platicando. Yo me la estoy pasando bien y juro que Él también. El australiano decide invitarme un trago, le digo que Él debe tener otro y compra 3 vodkas. Me quedo platicando con él, todo parece normal por mucho tiempo, hasta que su calidad de hombre ataca y empieza a decirme que si yo estuviera sola, él haría un move. Aquí es donde empieza la filosofía.

Yo, vanidosa, egocéntrica, disfruto los halagos, los procuro y los provoco. Me gusta contar mis viajes, mis estudios, mis logros y me gusta gustar, siempre, además de lo natural, tengo algunas técnicas para que pase esto. Admito que soy lo que se denomina como un flirt, muy coqueta y admito que no me molestó en lo más mínimo que ese hombre de Australia me lo hiciera saber. A mí no me molesto pero a Él, le arruinó la noche.

El problema fue que yo no hice nada, que no me quité que no le puse un alto, al menos ese es lo que yo considero un problema para mí. Él lo hace todo siempre muy complicado e incongruente. Me explico: Sus palabras fueron “No es que no confíe en ti, es que no confío en él”. Para mí, eso significa que yo soy un objeto, una cosa que está ahí inmóvil sin capacidades, siendo merodeada por tiburones. Para mí, en mi cabeza-mundo, eso significa que me puedo deslindar de cualquier responsabilidad porque yo, como objeto que soy, completamente confiable, no estoy siendo ni haciendo nada que no sea mi naturaleza, por lo tanto, el reclamo y el odio deberían ser completamente dirigidos hacia el tiburón. Pero… la cabeza de Él funciona muy diferente. Dejó que la situación que lo incomodaba se perpetuara toda la noche para luego hacer el reclamo al día siguiente de una manera bastante passive-agressive. Dice que no es mi culpa pero que debí haberme ido lejos de la amenaza, digo que si tanto problema tenía, debió haber ido por mí y llevarme a otro lugar más “seguro”, dice que no, que porque confía en mí, intento explicarle mi teoría del objeto y los tiburones y se enoja, dice que siempre quiero cambiar la situación a mi favor. Y sí, ¿Quién quiere una situación en su contra?

Entiendo su incomodidad, no entiendo su pasividad. Su argumento principal es “No me gusta que alguien te quiera ligar en frente de mí y que tú no hagas nada”; Mi amor, qué fácil, siempre dejando que los demás tomen responsabilidad por tus incomodidades. Es una locura creer que los demás son responsables por nuestros sentimientos, eso es codependencia. Se lo dije una y otra vez, si tanto te molesta y yo no te estoy leyendo la mente, toma acción. Imposible. Terminé aceptando mi culpa, pidiendo perdón y prometiendo que no volvería a pasar. Sólo la promesa la hago del corazón, en las relaciones se tiene que ceder, no vuelvo a dejar que un tiburón me diga que soy bonita.

Como sea, nuestra noche fue un fiasco. En realidad su noche fue un fiasco, yo me la pasé bien, no sólo hablé con el tiburón australiano obviamente, hablé con mucha gente, bailé, reí, también reí y también bailé con Él pero su corazón ya sentía una traición exagerada.

Al final, esta es una ligera representación de absolutamente todas las relaciones humanas. No habemos dos iguales, no existe la telepatía. Lo que yo considero aceptable, no necesariamente tiene que ser aceptable para otros. La normalidad es sólo la mayoría, bien lo dice Gauss, pero al final de su gráfica, están los extremos, y siempre hay un extremo que es infinitamente mejor que la mayoría.

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